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lunes, 28 de noviembre de 2011

El juego de los especuladores en la "burbuja" y la complicidad de los bancos centrales.

El forero Luisito2 aporta un interesante punto de vista sobre las burbujas económicas, pone de ejemplo la de los tulipinaes y la burbuja inmobiliaria.

"No había nada de tóxico o de maligno en los tulipanes que formaron la burbuja del tulipán, ni hay nada de tóxico en los pisos provenientes de la burbuja que residen en los balances bancarios.
 La toxicidad de una burbuja no está en los activos, sean tulipanes, acciones de punto.com o pisos. La toxicidad está en los pasivos de la burbuja que son la deuda emitida usando como pretexto anecdótico la revalorización esperada de tulipanes o solares edificables.

La losa que mantiene aplastada la economía productiva es:

En primera instancia, la deuda impagable de la burbuja los pasivos generados por la burbuja, no los activos inmobiliarios que forman ese stock de pisos invendibles. Esto no es algo que puede solucionarse con ningún truco contable, porque esa ingente cantidad de deuda presente en el sistema es solo una imagen especular de una cantidad igual de ingente de ahorro real que ya no está presente. Perdonar por ley, o mediante algún truco keynesiano pueril como una devaluación de las cantidades contables con una devaluación monetaria o una explosión de inflación, no serviría de nada porque el problema no es que se haya acumulado tanta deuda sino que se haya desacumulado, destruido tanto ahorro o capital real. Olvidarnos colectivamente de la deuda no nos devolverá el ahorro real destruido durante la burbuja, y sin ahorro real no es posible financiar ninguna clase de economía. (El Banco Central no puede imprimir ahorro real)



En el juego de espejos de la economía financiera, lo que se ven como pasivos desde una dirección se ven como activos desde la dirección opuesta. La relación entre la imagen inmobiliaria de la burbuja y la imagen monetaria de la burbuja (dos vistas del mismo objeto) corresponden a imágenes reflejadas en un espejo. Los activos de una son los pasivos de la otra y viceversa.

El fenómeno de fondo en esta burbuja, como en todas las burbujas, no es una apuesta alcista del “capitalismo inmobiliario” (si es que tal cosa ha existido alguna vez), sino una apuesta bajista del “capitalismo especulativo financiero”.

En una burbuja, los especuladores toman prestados euros o dólares y venden en corto esos euros o dólares en mercado, obteniendo del mercado un activo anecdótico, un tulipán, un millón de barriles de petróleo o un pisito, que solo son empleados para garantizar la posición corta en dinero.
El verdadero “activo”  de un especulador bajista es su pasivo y en una burbuja monetaria en la que se apuesta a que el valor de la moneda será evaporado por el Banco Central y esta evaporación monetaria evaporará las deudas, los especuladores no se endeudan como un medio para apostar por un activo, sino que se ponen largos en un activo anecdótico como un medio para lograr su fin que es endeudarse.

Se endeudan porque tienen la promesa tácita del banquero central de que esas deudas serán progresivamente evaporadas, lo que generará unos beneficios para esos especuladores “cortos en dinero” provenientes de una socialización de pérdidas. (Una transferencia de rentas forzada por el clown del Banco Central)

Así que en el juego de espejos que es una burbuja, la burbuja de crédito (monetaria) es la imagen especular de la burbuja de pisos o tulipanes, los activos en una de las imágenes: los pisos o tulipanes, son los pasivos en la imagen al otro lado del espejo, y los pasivos en una de las imágenes: la deuda generada, son los activos de la imagen reflejada en el espejo.

El teatro kabuki que parece representar a unos especuladores ignorantes y desorganizados víctimas la fiebre de una ilusión de revalorización eterna de pisos o tulipanes, solo es una ridícula fachada de cartón piedra que trata de ocultar el verdadero relato que es una imagen especular de esto:

  Unos grandes especuladores, bien organizados y perfectamente conectados con los centros de decisión del intervencionismo estatal que apuestan a una desvalorización eterna del valor de la moneda en la que adquieren cantidades ingentes de deudas.

El Banco Central tiene la misión y se compromete tácitamente a que esa apuesta a la progresiva destrucción de la moneda no pueda fallar. En el escenario kabuki nos muestran a unos señores que  emplean la deuda como un medio para lograr un fin que es ponerse largo en algún activo pero el juego real consiste en el de otros señores que utilizan la compra de algún activo como un medio de lograr un fin, que es endeudarse adquiriendo una deuda que la inflación del banquero central se encargará de borrar.

Esta vez les ha salido mal porque ni los patanes que dirigen los Bancos Centrales  ni los patanes que dirigen los bancos de inversión saben una palabra de economía, fuera de sus juegos formales financieros que ellos confunden con la economía"

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